Elien Ramos Álamo, una universitaria empezando sus primeros pasos en la vida como joven estudiante de la RMI.
Mi vida en RMI
Llegué a RMI de Málaga hace apenas un semestre, con la ilusión y la incertidumbre propias de quien comienza una nueva etapa universitaria. Pensaba que sería simplemente el lugar donde vivir mientras estudiaba, pero pronto comprendí que iba a convertirse en algo mucho más profundo.
La convivencia diaria, los momentos compartidos en los espacios comunes, las horas de estudio en silencio y las conversaciones que surgen sin planearlas han hecho que la residencia se sienta cercana y acogedora. No es solo un edificio donde dormimos y estudiamos; es un entorno que acompaña el ritmo de nuestro crecimiento.
Aquí he podido encontrar algo que valoro profundamente: la calma. En medio de la intensidad de la universidad, la residencia me ha permitido estar más conectada conmigo misma, aprender a organizarme, a escucharme y a madurar. También me ha hecho sentir más unida a mi familia, porque la distancia enseña a valorar los vínculos de una forma más consciente.
Además, este espacio me ha ayudado a fortalecer mi dimensión espiritual. He encontrado momentos de serenidad, de reflexión, de oración y de gratitud que han dado sentido a esta etapa. Poder vivir en un lugar donde el estudio, la convivencia y la fe puedan caminar juntos ha sido, para mí, un verdadero regalo.
Solo llevo un semestre, pero puedo decir que RMI no es simplemente una residencia universitaria. Es un lugar donde se construyen recuerdos, donde se forjan lazos y donde cada una aprende, poco a poco, a crecer por dentro y por fuera.
Atte.



